SEMANA 1: EL CLAMOR POR UN HOMBRE: ¿QUIEN OCUPARA LA SILLA VACIA EN TU HOGAR?

 ¿Alguna vez te has preguntado qué busca Dios cuando mira hacia la Tierra? No busca grandes corporaciones, ni estrategias políticas, ni ejércitos armados con tecnología. La Biblia revela que el Creador del universo rastrea las ciudades buscando algo mucho más específico: busca un varón [Ezequiel 22:30].

En el libro del profeta Ezequiel hay un versículo que debería sacudir el corazón de cada esposo, padre y joven de nuestra iglesia:
«Y busqué entre ellos un hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé». — Ezequiel 22:30 [Ezequiel 22:30]
Este pasaje es una de las mayores tragedias de las Escrituras. Dios tenía el deseo de perdonar y sanar a una nación, pero Su justicia requería que alguien presentara el caso legal en la Tierra a través de la oración. Al mirar las casas y los altares, Dios concluyó con cuatro palabras dolorosas: «...y no lo hallé» [Ezequiel 22:30].
Cuando el varón abandona su puesto de guardia, la ruina entra sin permiso.

1. El mito de la oración pasiva: Tu oración es un decreto legal
Muchos hombres piensan que orar es una actividad pasiva o exclusiva de las mujeres de la iglesia. ¡Qué gran mentira del enemigo! Desde el Génesis, Dios le entregó al varón la administración y el dominio legal de la Tierra [Génesis 1:26].
La oración intercesora no es ir al altar a quejarse o a pedir limosna espiritual. Interceder es presentarte ante los tribunales celestiales como el representante legal de tu familia para hacer valer la victoria que Jesucristo ya compró con Su sangre en la cruz. Cuando un varón dobla sus rodillas y clama por sus hijos, no está sugiriendo una buena idea; está firmando una orden de desalojo contra los demonios en su hogar.

2. ¿Qué significa "ponerse en la brecha"?
Una "brecha" es una grieta o un agujero en la muralla fortificada que deja la ciudad expuesta al ataque enemigo. En el mundo espiritual, las brechas se abren en nuestras familias a través de la división, las deudas, la frialdad espiritual, la pornografía o la falta de carácter.
El intercesor no es el que critica la grieta; es el soldado que mete su propio cuerpo en el agujero de la pared para que el enemigo no pase a destruir a su esposa y a sus hijos. Si tú no oras por tu descendencia, estás dejando la puerta abierta. El enemigo no respeta tus buenas intenciones, tus títulos profesionales ni tu fuerza física; el enemigo solo respeta la autoridad de un hombre que sabe interceder.

3. ¡Es tiempo de recuperar el altar!
Es hora de romper con la pasividad masculina. No dejes que tu esposa ayune sola. No permitas que tus hijos crezcan sin escuchar a su padre clamar al cielo por ellos. Jesús, el varón perfecto, se puso en nuestra brecha en la cruz y recibió el golpe de la maldición para darnos vida [Isaías 53:12]. Hoy te toca a ti replicar ese diseño en tu casa.
Varón, Dios sigue recorriendo las iglesias hoy con la misma pregunta: ¿Dónde está el hombre que haga vallado? [Ezequiel 22:30] No permitas que en tu hogar la silla del intercesor esté vacía.
¡Ponte la armadura, levanta tu voz y ocupa tu lugar en la línea de fuego!

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